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Etiqueta: moliere

Al Molière desde los 2 años

Cualquier niño o niña ya puede inscribirse en el aula de 2 años del colegio Lycée français Molière. El colegio cuenta con un aula dedicado y adaptado a esta edad. Una docente y dos asistentes reciben cada día a los miembros más pequeños de nuestra familia Molière.

Un año antes de comenzar 1º de infantil, los niños pueden ya empezar a escuchar y hablar la lengua francesa en un entorno acogedor. Será el que les dará continuidad para el comienzo de su etapa escolar en el Molière.

La prioridad del equipo de profesionales de este aula es atender la vida emocional de los niños. Si los niños se encuentran agusto en este lugar, confían en las personas adultas con las que están. Además, querrán volver a venir al día siguiente. Así se crea ya la base para empezar a aprender cosas nuevas.

Sobre el aula de 2 años. Ver vídeo >>

“Mi hijo está aprendiendo a hablar español y francés al mismo tiempo” «Ver feliz a mi hija cada día, me hace estar segura de que he elegido bien» “Están en un espacio muy acogedor, un aula preciosa llena de juguetes y hace actividades muy creativas” “Juegan, crean, manipulan y así no se dan cuenta, pero están aprendiendo”.
Leer la entrevista a la nueva profesora del aula de 2 años >>

Aprender sobre dos ruedas en el Molière

Clases de bicicleta en el colegio Molière

En el Lycée français Molière de Zaragoza, el recreo de Primaria se llena cada martes de bicicletas. Durante 5 semanas, los alumnos de 2º de Primaria practicarán ciclismo en el colegio. Se trata del proyecto de bici que incluye el programa educativo francés para este curso y que tiene como objetivo desarrollar la habilidad motriz de los niños, el equilibro, dominar los giros y el freno, y recorrer un circuito señalado. La actividad supone un reto para los niños y un nuevo tiempo dedicado al deporte junto a sus compañeros. Os mostramos algunas imágenes de una de estas sesiones. Apprendre sur deux roues

«Ser bilingüe es una ventaja única», antiguo alumno del Molière

Alberto Armengol terminó sus estudios en el Molière hace dos años. Hoy estudia en Burdeos y vuelve de visita para contarnos su experiencia en el extranjero, sus recuerdos en el Molière y todo lo bueno que aprendió aquí y que le está sirviendo para afrontar esta etapa universitaria. Destaca, sobre todo, el bilingüismo: «Ser bilingüe es una ventaja única y eso es sólo gracias al Molière. El francés es una lengua difícil, mucho más que el inglés». Esto es lo que nos ha contado. También puedes ver el vídeo con la entrevista >>
Me llamo Alberto Armengol y soy de la promoción de 2015. Cursé los 15 años en el Lycée français Molière. Y ahora sigo mis estudios en Burdeos y Madrid con un doble diploma en Sciences Po. Se trata de una escuela muy prestigiosa en Francia, donde se estudian ciencias políticas, administración del estado, para hacer el concurso del ENA en Francia. Estos estudios me permiten hacer un master español de relaciones internacionales y gobernanza democrática en la Universidad Autónoma de Madrid, además de un grado de licencia política y administración pública en esta misma universidad, y el master de geoeconomía aplicada en relaciones internacionales, gestión de riesgos y una prospección de futuro para las empresas a nivel internacional. Diplomático. Siempre he dicho esto, pero la oposición es bastante difícil. Así que, como he hecho dos cursos en Francia, podré obtener la nacionalidad francesa. Lo que me ha aportado el colegio, sobre todo a nivel personal, es primero la apertura de espíritu. Soy capaz de hablar francés desde los 2 años, la edad con la que entré aquí de verdad. Y, sobre todo para las personas como yo que quieren cursar diplomacia internacional, tenemos una esencia de espíritu. A nivel de formación es primero la introducción, el plan y la conclusión. Es la disertación. Así es como hemos podido hacer los estudios que hemos querido: sciences po, economía, derecho, relaciones internacionales… Y también, yo sobre todo porque quiero hacer la carrera de diplomático, pero soy capaz de hablar tres lenguas, y este verano he empezado con el chino, y ahora en Sciences Po estoy haciendo un curso de árabe. Y no podría haber hecho esto si desde los tres años no hubiera tenido el hábito de hablar todo el tiempo en otra lengua, leer y pensar en otra lengua. Es muy interesante porque es otra manera de entenderse a uno mismo y al resto del mundo . Esto es una ventaja única y es gracias al Lycée français. No me podría definir como persona sin el Lycée, ni podría hacer la carrera de diplomático sin el Lycée. Porque no hay muchas maneras de hablar bien el francés. El inglés es fácil, pero el francés es una lengua de las más difíciles, con palabras que son realmente únicas y muy técnicas. Sería imposible hacer una gestión internacional sin hablar francés. Estoy muy contento. La cantine, la recrea… tenemos nuestras palabras, una palabrería ‘moleriana’ que es parte de mí. Ese francés y español, el ‘frañol’, llevan a hablar, a cambiar la sintaxis en un momento… dan una vitalidad mental que no puedes conseguir en otros colegios. Algo que me marcó especialmente fueron los viajes escolares a Francia. Estuve en Seignosse, Auvergne, Toulouse, Gourette para esquiar, Arette… Hemos hecho realmente un tour por Francia gracias al Lycée y con mis amigos. Es un recuerdo que llevaré siempre conmigo.

“En el Molière se trabaja el pensamiento individual, el análisis y la deducción” · antiguo alumno Molière

Red Alumni Molière [RAM]: Hugo Peñalosa Madec · Promoción ’84 Antiguo alumno y actual padre Molière, Hugo Peñalosa Madec ha vuelto al colegio para escolarizar a sus hijas. Él terminó en 1984, cuando nuestra sede se encontraba junto a Pikolín y los cursos terminaban 3ème. Tras su paso por el Molière, cursó el resto de estudios necesarios para acceder a la universidad, donde eligió ingeniería técnica para luego obtener en Inglaterra la titulación de grado en Ingeniería a través de una beca Erasmus. A todo esto, añadió la licenciatura en Historia “pero eso ya por placer”, apunta. Hablamos con Hugo sobre su vida profesional y todo aquello que le aportó su paso por el Molière a nivel laboral y personal. ¿Cuál ha sido tu trayectoria laboral? Como ingeniero estuve trabajando para la empresa suiza Sulzer, en Zurich, y mi intención por aquel entonces era seguir trabajando fuera. Llegué a valorar instalarme en Hong-Kong, donde pasé una pequeña temporada, ya que tenía allí dos buenos amigos y había buenas oportunidades laborales. Pero cuando menos lo esperaba terminé regresando a Zaragoza por amor (acababa de conocer a la que hoy es mi mujer…). Aquí no me encontré muy a gusto en el sector de la industria y finalmente opté por presentarme a oposiciones para el cuerpo de profesores de Secundaria. Hoy trabajo para el Departamento de Educación del Gobierno de Aragón en un centro público de educación de adultos, del que soy secretario además de profesor del ámbito matemático-tecnológico en Secundaria y administrador del programa de cursos on-line Aula Mentor. ¿Por qué tus padres eligieron el Molière? Mis padres me apuntaron al colegio porque mi madre es francesa y en mi casa convivían a diario los dos idiomas. Mi madre me habló en francés desde que nací, y además pasaba todos los veranos en casa de mis abuelos en Bretaña, donde sólo oía hablar francés y bretón. Escoger el Molière era algo lógico y me permitió pasar mi infancia inmerso en la cultura francesa y la española, una oportunidad que nunca podré agradecer lo suficiente a mis padres. ¿Cómo crees que te ha ayudado estudiar en el Molière para tu profesión? Estudiar en el Molière ha sido decisivo para mí de cara al mundo del trabajo. Además del francés, terminábamos con un buen nivel de inglés, y yo creo que aprender varios idiomas de niño facilita mucho adquirir otros. En la facultad estudié alemán y después italiano, y tengo claro que las oportunidades laborales que he tenido han estado muy relacionadas con los idiomas que manejo. Ingenieros como yo y mejores que yo había muchos, pero muy pocos podían aportar varios idiomas, y eso era decisivo a la hora de ser seleccionado para hacer entrevistas de trabajo. Y obviamente tampoco habría podido estudiar ni trabajar en otros países si no hubiera hablado varios idiomas. En el caso concreto de mi trabajo actual, al acceder por oposición los idiomas no tuvieron una relevancia directa en la obtención de plaza, pero fueron determinantes para obtener un buen destino, ya que las titulaciones que tenía de cada uno de ellos me aportaron una buena puntuación para las listas. En una oposición es importante además saber exprimir al máximo los recursos de que dispones, y yo creo que en buena parte de esos recursos tuvo influencia mi paso por el colegio. Por un lado, en el Molière el aprendizaje no consistía en memorizar lecciones sin más, sino que se trabajaba mucho el pensamiento individual, el análisis, la deducción matemática, la búsqueda de causas-efectos, etc. Por otra parte, la memoria no se descuidaba, pero la forma de ejercitarla era a través de la recitación de poesías o textos en clase. Todo ello junto creo que despierta la mente, ayuda a buscar más fácilmente soluciones a los problemas y permite poner a pleno rendimiento las propias capacidades ante un desafío profesional o una prueba exigente. Y como persona, ¿qué formación en valores te aportó? En el Molière era importante la formación académica, pero era tanto o más importante la formación como persona y como ciudadano. No aceptar dogmas o ideas preconcebidas, sino argumentar, discutir, deducir, forman parte de la tradición francesa y yo creo que el profesorado procuraba ponerla en práctica con nosotros. Era fundamental la laicidad, desde la tolerancia y el respeto a la religión, pero sin introducir ésta en las aulas. Recuerdo una disciplina basada en el respeto y la educación, a la que ayudaba el hecho de que el tuteo en francés no se admite a la hora de dirigirse a un profesor o a un desconocido, por ejemplo. Del colegio, y también de mi casa, me ha quedado un sentido cívico muy marcado. Me parece muy importante cuidar lo público, hacer buen uso de los recursos que se ponen a disposición de los ciudadanos, votar, participar en la sociedad, no desentenderse de los problemas colectivos, etc., y es una actitud que me apetece transmitir a mis hijas. Ahora que tus hijas estudian aquí, ¿qué es lo que más te gusta del colegio? El colegio ha cambiado en algunas cosas respecto al que yo conocí, que era pequeño, familiar, en el que los padres por lo general estaban muy implicados, y en la mayoría de los casos eran francófilos o tenían alguna relación con Francia. El colegio actual es distinto, muy grande y a veces puede parecer que tiene un toque algo elitista, pero yo creo que en lo esencial sigue manteniendo una línea educativa similar. Mi mujer y yo estamos muy contentos porque nuestras hijas están bien cuidadas, reciben mucho cariño y van muy a gusto al cole. Los valores fundamentales no parecen haber cambiado mucho desde mi época: la laicidad, la formación integral de la persona y no sólo atender a su formación académica, el respeto a las personas y a la sociedad… Además de la inmersión en las dos culturas, nos gusta mucho la potenciación de la creatividad a través del arte, sobre todo en Maternelle, el hecho de que no tengan que aprender a leer y a escribir demasiado pronto, sino que en los primeros cursos se busque desarrollar esa creatividad. También nos gusta que desde un principio se trabaja la autonomía de los niños y se les acostumbra por ejemplo a salir de viaje con su clase, a estar sin los padres unos días. ¿Cuáles son los mejores recuerdos que guardas de tu época en el Molière? ¿Alguna anécdota? Guardo muy buen recuerdo de los profesores en general. De M. Baccali, con el que hice mis primeros pinitos en la lectura y la escritura. De Maite Oger, nuestra maestra de CP, que nos cuidaba tanto que era como tener una segunda mamá en el colegio. De Mme. Valls que nos enseñó muy bien inglés y de la que recuerdo que usaba un método “audiovisual” muy moderno para la época, a base de figuras de cartón con velcro que fijaba a una pantalla de fieltro. De Jean-Luc Guiraud, nuestro profe de mates y física en Secundaria, que nos transmitía el interés por la ciencia a través de una enseñanza muy experimental (y eso que no teníamos instalaciones adecuadas, ni laboratorio), y nos ponía al corriente de novedades científicas y medioambientales de las que entonces casi no se hablaba todavía. Y, sobre todo, recuerdo con mucho cariño a Paul Chopin, nuestro profe de francés. Era una persona muy culta, con inquietudes variadísimas que tan pronto nos daba clase de gramática como nos traía un cuadro para analizar en clase, nos hablaba de un tapiz medieval o nos ponía un vídeo de teatro de la Comédie française, y todo siempre con un humor muy socarrón (a mí me solía llamar “mon cher Victor”, por Victor Hugo…). Recuerdo a Solange García, a la que casi no tuve como profesora, pero que era una gran persona, a José el cocinero que en vez de echarnos la bronca nos daba una fruta si asomábamos la nariz por la puerta de la cocina, a Helène Zubizarreta, la secretaria del colegio, siempre sonriente… y a muchos otros. Y lo que para mí resulta inolvidable es cuando el colegio se trasladó a las instalaciones de la carretera de Logroño. Era un gran caserón en mitad del campo, con árboles frutales, setos y arbustos donde esconderse, y hierba que a veces era casi tan alta como nosotros. Nos recuerdo asilvestrados, como niños de pueblo, subiendo a los albergeros y comiendo la fruta verde y ácida porque no teníamos paciencia para dejar que madurara. Cuando me acuerdo de todo eso pienso que tuvimos mucha suerte.

Colonias Molière: diversión en vacaciones

La Asociación de Padres y el Molière organizan estas colonias

La Asociación de Padres de Alumnos y el Lycée français Molière organizan las Colonias Molière para que las familias del colegio puedan conciliar su vida laboral con los periodos festivos del colegio.

Las últimas colonias trataron del mundo de los inventos. Aaron Philiph, director artístico de Norabola, nos relata cómo transcurrió: Estas colonias se desarrollan dentro de las instalaciones del colegio y están dirigidas a alumnos de Infantil y Primaria. Norabola Producciones es la compañía encargada de este proyecto lúdico, que cada vez está dedicado a un tema diferente: el circo, los comics, los piratas, la música, la cocina, los inventores, …

Norabola sigue llenando de contenido muy interesante las colonias del Molière. Durante las pasada Colonia Inventores / Colonie: Inventeurs, del 20 al 24 de febrero, el equipo de Norabola nos sorprendió con nuevas actividades y en esta ocasión trajo al colegio a tres invitados especiales:

Nos visitó Oswaldo, de la PAI, un artista polivalente con muchas tablas y una faceta muy creativa. Nos mostró sus instrumentos electrónicos, construidos con sensores táctiles, frutas y material de reciclaje: medias botellas de leche, latas, tapones de botellas, coladores, etc. y utilizados para crear melodías y ritmos. Estos instrumentos están implementados con módulos midi y con Arduino (un sistema de hardware libre), y funcionan con sensores capacitivos y resistivos. El abanico de instrumentos con los que los niños pudieron experimentar fue de lo más variado:

  • Tocablófono: terminales que producen melodías al ponerlos en contacto en una cadena humana. En función de la presión o superficie de contacto de la piel el arpegio es más grave o más agudo.
  • Trino: tres escalones de latas con cinco notas y un acorde por escalón, para improvisar melodías con acompañamientos automáticos.
  • Huertófono: tres bandejas con hortalizas y frutas con tres escalas diferentes, pero que crean armonías al tocar las mismas frutas en las tres bandejas.
  • Duorromanticófono: dos micrófonos que no sirven para cantar. Al tocarse los dos solistas la música se añade sola. En función de la presión cambia la melodía.
  • Pentatonik-dodecatónico: sobre latas de tónica jugamos en escalas pentatónicas con melodía y acompañamiento.
  • Ascensor: es un sónar que mide el tiempo que tarda un pulso en rebotar desde el suelo para transformarlo en una nota.
  • Grafitófono: Transforma el trazado de un lápiz en música a base de medir la resistencia eléctrica del grafito en el dibujo.

Gabi, de www.conmasfuturo.com, experto en robótica y tecnología, nos impartió varios talleres:

  • Taller de robótica con Beebots (robots abeja), espada láser (como la de Starwars) y otros robotijos electrónicos.
  • Taller de inventos musicales creados con plastilina, agua, vasos, papeles, etc.
  • Taller de programación de un video-juego, donde los más mayores fueron implementando, paso a paso, un video-juego utilizando Scratch. Scratch es un entorno de programación visual y modular, destinado principalmente a los niños, con el que se pueden crear presentaciones, historias interactivas, vídeos musicales, gráficos animados, juegos, programas, arte digital, y otros contenidos que se pueden compartir en la red. Este entono no sólo resulta muy sencillo para crear programas, sino también sirve para aprender a pensar de forma creativa, a razonar de forma sistemática, y a trabajar en grupo. Aptitudes que son esenciales en todos los trabajos modernos.

Dos días donde los niños disfrutaron de la mano de la tecnología, con robotijos y otros cachivaches.

Y como colofón a toda la semana, nos visitó Chabieras, un divertido músico, maestro y luthier, que dejó boquiabiertos a todos los niños brindándonos un peculiar concierto. Un artista con muchas horas de vuelo en la música que nos mostró cómo construir instrumentos musicales con pingos caseros y material reciclado. Lo más sorprendente fue su arte para estrujarles el mejor sonido y tocar animadas melodías. Y es que a veces con elementos sencillos se pueden crear inventos muy interesantes: “menos es más”.

Tomamos fotografías y vídeos de estos días.

Os esperamos en la próxima ‘Colonie: Pâtisserie’ o ‘Colonia Pastelería’, del 10 al 12 y del 17 al 21 de abril. Os recordamos que el plazo de inscripción finaliza el próximo 6 de abril. Podéis inscribiros aquí.

Logotipo del colegio Lycée Molière
Ubicación
C/ De Manuel Marraco Ramón 8
50018 Zaragoza
Horario secretaría
  • Lunes a viernes:

    8:00 - 13:30
    14:30 - 17:00*

*Miércoles tarde cerrado

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